Preservación de murales en RD

Por Jose Rafael Lantigua

Fue en la década 40, según refiere doña María Ugarte, que se inició la pintura mural en la República Dominicana con la llegada al país de los exiliados españoles. Entre estos se encontraba un joven, nativo de Burgos, José Vela Zanetti, de tan solo veintiséis años de edad, quien se encargaría de impulsar el arte muralístico en nuestro país con el respaldo de las autoridades de la época.

A pesar de este mecenazgo, la obra de Vela Zanetti no se inspiró en su totalidad en aspectos de la dictadura sino que atendió diversos temas, fundamentalmente el histórico y el de las tradiciones dominicanas, y se afirma que, en algunos casos, expresó en sus murales críticas veladas al régimen.

A partir de los años cincuenta comenzarían a surgir los muralistas dominicanos: Eligio Pichardo, Jaime Colson –quien fundara la Escuela de Pintura Mural-, Paul Giudicelli, José Ramírez Conde (Condesito), Amable Sterling, Ramón Oviedo, Ada Balcácer y Silvano Lora, entre otros. Pero, indiscutiblemente, Vela Zanetti fue el pionero y el mayor muralista que ha conocido el país. Se le atribuyen unos cien murales, de los cuales es probable que hayan desaparecido no pocos.

EN MOCA

En mi natal Moca, Vela Zanetti pintó un par de murales en el liceo secundario que fue inaugurado durante la Era de Trujillo con un discurso del entonces secretario de Educación, Joaquín Balaguer. Recuerdo uno sobre la raza aborigen que siempre me impactó.

Me han confirmado algunos amigos que los mismos fueron vandalizados y hasta imágenes obscenas fueron incorporadas a esas obras de arte. Hubo otra más en el bar del Teatro Maritza, pero ese sí fue conservado por don Ney Perdomo, su propietario. En una ocasión estuvo de exhibición en el Centro León, de Santiago.

Otro muralista que no mencionan los textos de artes plásticas que conocemos, fue el mocano Poncio Salcedo quien produjo murales alegóricos a la dictadura y que las turbamultas eliminaron cuando se produjo el estallido final contra los remanentes del trujillato. Empero, Poncio que fue un gran pintor dejó importantes óleos, plumillas y dibujos en poder de diversas familias mocanas y creo que uno que otro mural que no resaltaba aspectos del régimen, pero no puedo precisar los lugares donde estuvieron esas obras, con toda seguridad ya desaparecidas.

Conservo una pintura suya que le encargara el rico mocano don Luciano Hernández, fechada 3 de agosto de 1954. En Moca hubo otro muralista, que si no recuerdo mal fue alumno de Poncio, Miguel Ángel Cabrera Henríquez, que todos conocíamos como Zumba, y que según me informa un compueblano aún sigue vivo. Alumno de Poncio lo fue Antonio Guadalupe, quien fundara al concluir la revolución abrileña la Academia Vincent Van Gogh que produjo una revolución en las artes plásticas en mi comunidad.

ESPARCIMIENTO

Las obras de Vela Zanetti se esparcieron por el país. En Barahona, hace varios años, fui a comprobar si se había conservado el mural que estaba en el cine de esa localidad. Hoy funciona allí un templo evangélico. Seguía reluciente aunque cubierto con una gran cortina, pues sus imágenes, me dijo el pastor, afectaba la solemnidad de los cultos.

Espero que, aunque albergado bajo las sombras de esa manta, no se haya eliminado. En San Cristóbal, Temístocles Montás buscó los recursos para restaurar los espléndidos murales de Vela, al modo de la Capilla Sixtina, que cubren la iglesia principal de esa localidad.

En la alcaldía de Roberto Salcedo, con el respaldo de los técnicos del Ministerio de Cultura, se restauraron los murales de Vela que están en el antiguo Palacio Consistorial de la calle El Conde. Hay murales de Vela y de muralistas dominicanos en centros escolares, bancos comerciales, universidades, Banco Central, el Panteón Nacional, en la basílica de Higüey, en el palacio de Justicia, en el gran templo de los masones, el parque Mirador Sur y en Bellas Artes (estos tres últimos de Condesito). En el salón de la Asamblea Nacional y en el palacio de gobierno están los pintados por el catalán Aurelio Oller Croiset, de quien conocí un mural que está en el vestíbulo de la embajada española en París.

SANTIAGO

Cuando dirigimos la restauración del Monumento a los Héroes de la Restauración de Santiago de los Caballeros, hizo diez años en agosto pasado, los murales de Vela Zanetti estaban en mal estado. Es el lugar que alberga la mayor cantidad de murales del genial artista español. Doce en total.

Se lograron restaurar todos y darle incluso un nuevo significado alegórico, si vale el término. Por ejemplo, hay un mural de vigoroso realismo centrado en un hombre musculoso, de espaldas, que rompe unas cadenas que significaban el saldo de la deuda externa en el gobierno de Trujillo.

Empero, como afirma Danilo de los Santos, la obra es un canto a la libertad y Vela Zanetti aprovechó el tema sugerido para hacer una crítica social de la libertad deseada por el pueblo dominicano. El conocido pintor Jacinto Domínguez –quien, por cierto, hizo un mural en la alcaldía de Santiago que desapareció en años recientes- y quien colaborara con Vela en la confección de los murales del Monumento, fue encargado de supervisar la restauración de estas obras, conjuntamente con el artista y crítico Danilo de los Santos.

Fue un acto de reivindicación de la obra pictórica del maestro fundador de la muralística nacional, un homenaje a su memoria, a sus aportes al patrimonio visual de la República Dominicana y a su legado académico en la enseñanza del arte. Pero, además, en el cilindro central del Monumento se agregaron seis nuevos murales, otorgando un mayor valor a esa gran edificación distintiva de la capital del Cibao.

Esas obras son de la autoría de Danilo de los Santos (Marolas Marchantas), Guillo Pérez (Momentos inolvidables de Santiago), Víctor Tavárez (Vendedoras de flores), Melanio Guzmán (El incendio de Santiago y la toma de la fortaleza San Luis), Ramón Sandoval (Gregorio Luperón) y Henry Santana (La virgen de la fe. Los hombres y mujeres durante la batalla del 30 de marzo llevan delante un cuadro de la Virgen de la Altagracia).

Hoy por hoy, el Monumento de Santiago es el mayor reservoir de murales del país y un auténtico museo visual. (Es importante resaltar que los murales de Vela Zanetti en el Monumento a la Restauración -en tela, no sobre la pared- están fechados en Nueva York, 1953, pues para entonces ya el exiliado español se había marchado del país y gracias a una beca Guggenheim había producido el gran mural sobre los derechos humanos que figura en la sede de las Naciones Unidas. Tenía entonces 40 años de edad. Es probable pues que Vela pintara los murales santiagueros mientras laboraba en el mural de la ONU que tiene fecha 19 de marzo de 1953. Por cierto, es incorrecto decir que ese mural fue un obsequio del gobierno dominicano. Lo que nuestro país donó al organismo mundial fue una escultura de Ramiro Matos González, conforme comprobamos en una visita a la ONU en 2003).

Doña María Ugarte afirmó en uno de sus valiosos escritos que la República Dominicana era “el país más rico en murales de las islas del Caribe”, pero al mismo tiempo se lamentaba de que ese patrimonio cultural desapareciese paulatinamente a causa de la falta de “una política de preservación que evite el desastre que amenaza tales tesoros artísticos”.

El proyecto creado por Freddy Ginebra para una fábrica de pinturas a inicios de los noventa del siglo pasado y que comprendió murales de diversos artistas en diferentes locaciones de Santo Domingo (¿existen todos aún?), debe ser preservado a cualquier costo porque es parte del patrimonio cultural de la nación y la cultura es, a la larga o a la corta, el único patrimonio que hace grande a un pueblo.