El plástico, panacea ambiental

En el 1860, cuando los fabricantes americanos de bolas de billar Phelan and Collarder, ofrecieron una recompensa de US$10,000.00 a quien consiguiera un sustituto del marfil natural para la fabricación de sus bolas de billar. El inventor John Wesley Hyatt desarrolló el celuloide, que fue el principio de lo que hoy conocemos como plástico.

El invento causó furor en innumerables sectores. Los protectores de animales saludaron el nuevo producto, pues eso evitaba la cacería indiscriminada de elefantes solo para comercializar el marfil.

Los ambientalistas estaban eufóricos, pues con este material se fabricarían muchísimos artefactos y utensilios que, hasta ese momento, utilizaban la madera como materia prima. Con lo cual ya no había el peligro de la deforestación global.

Los consumidores no podían estar más contentos, pues podrían comprar platos, vasos, cucharas etc. Que eran casi indestructibles y podían ser usados de generación en generación con la ventaja de que al perder su vistosidad, podían ser reciclados y reutilizar el material en la construcción de miles de otros artefactos.

Por un tiempo, todos estaban muy contentos. Pero, llegó el momento donde los manufactureros se percataron de que estaban produciendo un artículo que era tan duradero que solo se compraba una vez. Para ellos, eso no era negocio.

Entonces, ¿Qué hacer? Se preguntó el capitalismo salvaje y brutal. ¡Voila! ¡Eureka! ¡En vez de reciclables, desechables! y ahí mismo comenzó el desastre medio ambiental.

Empezaron los grandes industriales a meternos en la cabeza y nosotros a creerlo a pies juntillas, que una cuchara, un plato, una botella o cualquier utensilio hecho de plástico, solo se podía usar una sola vez. Que una vez utilizado, había que tirarlo a la basura.

Para reforzar esta afirmación, comenzaron a fabricar estos utensilios cada vez más frágiles. Al punto que se hizo imposible reutilizarlos. Hoy, tenemos el planeta totalmente contaminado de “plásticos desechables” pero prácticamente indestructible.

Ahora, la pregunta tenemos que hacérnosla los que vivimos en este globo terráqueo y queremos un mundo con un ambiente más amigable. ¿Qué hacer?

Fácil, exigirles a nuestras autoridades que prohíban el uso y la fabricación de plásticos desechables y de los que no sean reciclables. Ya algunos países han comenzado a hacerlo.

Nosotros, como consumidores, hacer nuestra parte poniendo el ejemplo y ayudar con nuestras acciones. No es nada difícil.

Los que ya tenemos cierta edad, llevábamos a la escuela una cantimplora o un vasito plegable y los que no podían comprarlo, lo hacían de papel o tomaban agua directamente de la llave.

Esto es solo un ejemplo. Hoy no es necesario llegar a esos extremos. Con llevar una botellita de agua en la mochila, es suficiente.

Lo que sí tenemos que hacer es, crear conciencia. No le dejemos a nuestros hijos y nietos, un basurero como hogar. Nuestros padres nos dejaron a nosotros un mundo limpio y hermoso.