Habrá un mañana

Por Sergio Sarita Valdez

Uno de mis inmortales ídolos del pensamiento filosófico escribió: “De tiempo somos. Somos sus pies y sus bocas. Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas… Somos hijos de los días: ¿Qué es una persona en el camino? Tiempo.

Los mayas, antiguos maestros de esos misterios, no han olvidado que hemos sido fundados por el tiempo y estamos hechos de tiempo, que de muerte en muerte nace. Y saben que el tiempo reina y se burla del dinero que quiere comprarlo. De las cirugías que quieren borrarlo, de las píldoras que quieren callarlo, y de las máquinas que quieren medirlo… Cuando el tiempo está enemigo, cielos negros, días de hielo y tormentas, la alfalfa recién nacida se queda quieta y espera.

Los tímidos brotecitos se echan a dormir, y en la dormición sobreviven, mientras dura el mal tiempo, por mucho tiempo que el mal tiempo dure”. Con Eduardo Galeano, mago de la prosa y el verso filosófico, estoy eternamente endeudado hasta la coronilla por el uso inconsulto de esas, sus ideas, entre comillas.

El poeta Virgilio, poeta latino, décadas antes de la Era Cristiana, nos recordaría en sus Geórgicas: Tempus Fugit, a lo que Horacio le daría sentido de oportunidad cuando construía el siguiente pensamiento: Tempus Fugit, carpe diem.

Semejante extenso preámbulo se hace necesario para mi aterrizaje en el aeropuerto quisqueyano a dos siglos de nacido el patricio Juan Pablo Duarte. El mártir de nuestra independencia aunque le tocó nacer y vivir en el siglo XIX hablaría en lenguaje futurista infinito para las generaciones dominicanas venideras. Ello fácilmente se deduce de expresiones con validez presente tales como: “La política no es una especulación; es una ciencia más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles… Si he vuelto a mi patria después de tantos años de ausencia, ha sido para servirla con alma vida y corazón, siendo cual siempre fui, motivo de amor entre todos los verdaderos dominicanos y jamás piedra de escándalo, ni manzana de la discordia… Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria.

En la mal llamada era de la post modernidad el aire consumista que respiramos nos narcotiza e hipnotiza haciéndonos repetir continuamente hasta la saciedad el “Aquí y ahora”. Pretenden convencernos de la inexistencia del porvenir. Se oye el eco consejero imperativo Orwelliano de las aves apologistas del nuevo orden: ¡Vives y gozas el momento sin importar el qué dirán, ni los demás! Caminamos en un ambiente saturado de drogas, sangre, robo, sexo con violencia, espanto e inseguridad; males regados por los cuatro puntos cardinales.

¿Acaso nos encontramos atrapados y sin salida? ¡Eso jamás! Recordemos que no hay problema sin solución, tampoco olvidemos aquel sabio refrán de la abuela: No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. ¿Qué hacer, aquí y ahora? Mantener la serenidad para poder conducir la nave hacia puerto seguro. No estamos bien, pero estaremos mejor; siempre hay espacio para mejoría. El pueblo humilde está en la unidad de cuidados intensivos, apliquémosle la medicina duartiana, confiados de que recuperará la salud. Entonces habrá y tendremos un mañana luminoso para todos.